
Hay lugares donde las piedras parecen haber estado esperando, durante siglos, volver a ser habitadas por las palabras. El Palacio de Clavería, en Aldea del Rey, es uno de esos espacios. Bajo sus techos, que un día albergaron a los claveros de la Orden de Calatrava, se ha presentado recientemente la programación de la 49ª edición del Festival Internacional de Teatro Clásico de Almagro. Un acto que no ha sido un mero protocolo administrativo, sino una declaración de intenciones: el festival más importante del mundo en su género ya no se entiende sin su comarca, y Aldea del Rey reclama, por derecho propio, su lugar en ese mapa de la excelencia.
El alcalde de Aldea del Rey, Cándido Barba, abrió el acto con la convicción de quien sabe que custodia un tesoro que ya no puede permanecer oculto. Su discurso, cargado de compromiso, subrayó la metamorfosis de un Palacio de Clavería que deja de ser un “monumento al pasado” para convertirse en un “espacio vivo para el futuro”.
“Queremos que el palacio no sea solo un monumento al pasado, sino un espacio vivo para el futuro”, afirmó el regidor. Para el equipo de gobierno local, la rehabilitación de este emblema arquitectónico es una pieza clave en una estrategia más amplia, convertir el patrimonio en motor de desarrollo. El objetivo es claro, que el visitante que acude a Almagro sienta la pulsión magnética de acercarse a Aldea del Rey, de descubrir el Sacro Convento y Castillo de Calatrava la Nueva, y de perderse en la sobria belleza de un Palacio de Clavería que renace como “faro cultural” para toda la comarca.
La directora del Festival, Irene Pardo, recogió el testigo con una intervención cargada de sensibilidad hacia el territorio. Para Pardo, la cita en Aldea del Rey ya es “un clásico en sí mismo”, destacando cómo el Palacio de Clavería está configurándose como una referencia patrimonial que marcará un punto de inflexión en la comarca.
La directora fue más allá de la exhibición teatral, deslizando la posibilidad de que el palacio se convierta en un espacio de residencias artísticas y convivencia para las compañías. “El festival tiene su identidad porque está en el Campo de Calatrava, porque tiene una gastronomía y una cultura propias que nos identifican como ciudadanos”, señaló.
En un guiño al concepto del Genius Loki (el espíritu del lugar) que impregna la comunicación del festival este año, Pardo auguró que el espíritu de Aldea reside ya en los muros de este palacio. Su alegato final fue una reivindicación de la identidad frente a la deshumanización de las urbes: “¡Viva lo rural! Es donde las cosas suceden desde el corazón”.
Si algo define la dirección de Irene Pardo es su empeño en que el Siglo de Oro sea un patrimonio compartido. Durante la presentación en Aldea del Rey, la directora puso especial énfasis en la programación familiar, destacando propuestas como Va de Bach. “Estoy muy empeñada en que las familias enteras vayan al teatro”, explicó Pardo, defendiendo un modelo donde abuelos, padres e hijos compartan la experiencia escénica bajo el cielo de Almagro.
Esta democratización de la cultura se extiende también a la calle. Todos los fines de semana, la Plaza Mayor de Almagro se convertirá en un escenario de circo gratuito y de alta calidad, mientras que espacios como el Teatro Adolfo Marsillach (Hospital de San Juan) y el Corral de Comedias acogerán platos fuertes como la sugerente Laurencia, una revisión contemporánea del mito de Fuenteovejuna.
La conversación giró entonces hacia la esencia de esta 49ª edición. La directora, Irene Pardo, destacó cómo el festival busca este año una complicidad “directa y sencilla” con el territorio. En un momento de gran lucidez dialéctica, Pardo defendió la figura del payaso y el teatro como espacios de seriedad y respeto, alejándolos del ruido político actual.
“El Congreso no es un teatro y el Parlamento no es un circo. Un circo y un teatro son sitios muy importantes y muy serios”, sentenció Pardo al hablar de Pepe Viyuela, Premio Corral de Comedias de este año. La elección de Viyuela no es casual; representa el concepto central de esta edición: “Jugar con conciencia”. Para la directora, el juego teatral no es solo diversión, sino una herramienta para entender al “otro”, para alcanzar acuerdos y para humanizar una sociedad que, a menudo, olvida que los demás también somos nosotros.
Uno de los momentos más distendidos de la jornada fue cuando se abordó el “maridaje” entre las tablas y los fogones. Para Pardo, la gastronomía no es un complemento, sino parte de la identidad misma del festival. “No se puede entender el Festival de Almagro si se arranca de su tierra”, afirmó, recordando que la cocina manchega, con sus más de 150 recetas documentadas en el Quijote, es un monumento vivo.


